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FLOWER POWER
María Zacco
“Si vas a San Francisco, asegúrate de llevar flores en
tu cabello” era la proclama en una canción del grupo
The Mamas And The Papas, que se hizo popular
durante el Verano del Amor (1967). Esta canción se
transformó en el himno de un movimiento, que tomó
por sorpresa a buena parte de la sociedad estadounidense,
que luego fue un hito en la historia de la
cultura popular bajo el nombre de Flower Power. El
disparador fue la oposición a la guerra de Vietnam.
Más de cien mil jóvenes se reunieron en aquella
oportunidad en la ciudad de San Francisco para celebrar
el nacimiento de una contracultura, opuesta a
la sociedad de consumo, basada en la paz, el amor,
la ecología y la expansión de la conciencia. En ese
momento nacía la cultura hippie.
Este fenómeno, que despertó devociones y controversias,
pronto se propagó por todo el mundo. En
Argentina, aquellas buenas intenciones que pretendían
cambiar el “sistema” dieron a luz, no sólo al
rock nacional sino a la instalación de comunas de
pelilargos en el interior del país. |
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El verano del amor que marcó un antes y un después
en la cultura del siglo XX, se había gestado tímidamente
desde la primavera de 1966, cuando multitudes vestidas
con túnicas coloridas peregrinaban hacia el barrio
de Haight-Ashbury de San Francisco. Éste fue famoso
por sus alquileres baratos, y tuvo un gran atractivo para
la bohemia beatnik. Esa asociación con las flores y los colores,
quienes fueron testigos de los años ’60, nos legaron
el concepto de Flower Power, que hasta hoy día relacionamos
inevitablemente con la primavera. ¿O es acaso porque
el movimiento significó una especie de cisma, que hizo florecer
un nuevo tiempo que supo expresarse a través de la
música, el arte y novedosas filosofías de vida?
En esos primeros días en que la calidez de los rayos del
sol empieza a confirmar que el invierno quedó atrás, es
inevitable evocar el Poder de las Flores que pregonaban
aquellos soñadores, que recorrían el país a bordo de una
casa rodante psicodélica. Es, justamente en primarvera
el momento ideal para lanzarse a redescubrir esos rincones
míticos que hicieron historia. |
En la Argentina de los años sesenta era difícil ser hippie.
Algunos pocos se animaban, por ejemplo, a desafiar
aquella ordenanza del gobierno de Juan Carlos Onganía
que prohibía a las parejas besarse en las plazas. Apenas
tres jóvenes idealistas se embarcaron en la aventura
de construir un Hippismo de cuño nacional, adaptado a
una realidad muy distinta a la de las opulentas sociedades
estadounidense o europeas donde se propagaban
los ideales del Flower Power. Los pioneros del Hippismo
en la Argentina fueron: el periodista Pipo Lernoud y los
músicos Miguel Abuelo (Los Abuelos de la Nada) y Moris
quienes, en lugar de hippies, decidieron llamarse “náufragos”.
El concepto quedó instalado definitivamente
cuando en septiembre de 1967 apareció el simple Ayer
Nomás / La Balsa del grupo Los Gatos. “Con mi balsa yo
me iré a naufragar” cantaba un tal José Alberto Iglesias
(Tanguito), sin imaginar que la canción se convertiría en
el himno fundacional del rock nacional. Los ecos del disco
Sargent Pepper de Los Beatles o The Piper at the Gates
Of Dawn de Pink Floyd llegaban hasta Buenos Aires y demostraban
que algo estaba cambiando. Músicos como
Alejandro Medina (Manal) y Carlos Mellino (Alma y Vida),
entre otros, empezaron a reunirse en la La Cueva, sobre
la avenida Pueyrredón al 1355. Como diría luego
Lernoud: un “diminuto reducto, sucio y mal ventilado”,
ubicado en pleno Barrio Norte. |
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